viernes, 7 de febrero de 2014

Croacia en verano

Alacant-Trieste

"On the road"

Vuelo de Valencia-Trieste con Ryanair. Llegamos a las 11,00h. El aeropuerto nos pareció pequeño y bien resuelto, muy fácil encontrar las indicaciones.  Recogimos el coche de alquiler en los mostradores de enfrente de la puerta de salida, se ven fácilmente, y nos dirigimos al centro de Trieste.  En el camino paramos en la Reserva Natural de Falesei de Duino, donde pudimos dar un relajante paseo contemplando la biodiversidad del paisaje, con unas vistas espectaculares al mar y al Castillo de Duino en la zona de Aurisina. También descubrimos que había una zona de paseo con ruta senderista donde hay banquitos para descansar y tomar buenas fotos. Luego nos acercamos al pueblo, y en la misma carretera estaba la Info- turística donde recogimos información y nos tomamos un refresco.

Castillo de Duino, desde la Reserva Natural de Falesei

El perfil de los acantilados, una costa muy bella
Seguimos por la carretera con dirección a Trieste, una ruta bordeando la costa que relaja, si no hay mucho tráfico, y pasamos por el Castillo de Miramare, intentamos parar  para hacer fotos y nos resultó difícil, un castillo de piedra blanca al borde del mar que teniendo un poco de tiempo, vale la pena hacer una visita. El castillo, situado en el extremo de un promontorio de la costa de Trieste, fue edificado en 1860 sobre planos del arquitecto Carl Junker para albergar al archiduque Maximiliano de Austria, y a su mujer, Carlota de Bélgica. Tanto el mobiliario como la decoración son los originales. El hermoso jardín, dispuesto en terrazas, fue concebido por el propio archiduque.

Trieste, "una urbe de alma italiana y semblante austriaco. La razón: entre 1382 y 1918 fue el puerto por el que se asomaba al Adriático el Imperio Austrohúngaro."

Llegamos al centro de Trieste y aparcamos en los aparcamientos del puerto, es un parking al aire libre con monedas.  Paseamos por el centro, llegamos a una gran plaza abierta al mar que nos recordó la Plaza del Comercio de Lisboa.  Basta fijarse en el diseño urbanístico de la Piazza dell’Unità, cuya fachada se ofrece al mar como si se tratara de un muelle que resguarda los barcos. Es una magnífica plaza, con el estilo neoclásico y vienés de sus palacios y la sugerente vista que ofrece al abrirse al golfo es una de las plazas más grandes de Europa que se asoman al mar. La plaza alberga distintos edificios de interés, entre ellos el Palacio del Gobierno, antiguo palacio de la lugartenencia austriaca y actual sede de la prefectura, espléndido con su balconada revestida de mosaicos en cristal de Murano y piedra blanca; el Palacio Stratti con su histórico Caffé degli Specchi; el Municipio de Trieste, dominado por la torre campanario y con la Fuente de los Continentes enfrente y el blanquísimo Palacio del Lloyd Triestino, antiguo Palacio Pitteri, hoy sede del gobierno regional.

Piazza dell'Unità
Callejeando nos entró un hambre canina y rápidamente buscamos alguna terraza que nos refrescara y nos alimentara... Nos sentamos a comer en uno de los restaurantes con más encanto que vimos, ( y acertamos de pleno) una terraza con mucho gusto, “Caffé Tommaseo” donde corría la brisa del mar y se respiraba un ambiente cargado de historia:

"Donde se encuentra el sitio: en Trieste, en la Rive, en la plaza Niccoló Tommaseo....

para curiosear sobre el sitio:



Después de comer unos exquisitos platos de pasta, nos tomamos nuestros respectivos expresso y macchiato para coger fuerzas y, nos adentramos por las calles del centro para dirigirnos hacia la catedral, por Vía della Bora nos encontramos con una plazoleta donde quedaban vestigios de época romana con un arco, el Arco di Riccardo (una puerta romana derrumbada del siglo I a.C.) y trozos del lienzo de la antigua muralla. Unas ruinas bien conservadas para encontrarse en medio de la zona de paso de los viandantes.

Subiendo entre callejuelas estrechas hacia la parte alta de la ciudad, nos encontramos con la catedral medieval di San Giusto, construida sobre la base de una basílica paleocristiana y que se terminó en el siglo XIV. Detrás se encuentra el Castello di San Giusto. Desde lo alto se puede apreciar el entramado urbanístico de la ciudad, como han ido adaptándose a los cambios, creciendo sus edificios entre la ciudad antigua, medieval y moderna.


Arco di Riccardo

Duomo di San Giusto
Al atardecer hicimos un pequeño descanso para reponernos, saboreando un gelatto, y nos despedimos con una última mirada a Trieste desde la parte alta, sentados en una terraza, comentando que tendríamos que volver con un poco más de tiempo, para descubrir,  la hasta ahora, desconocida zona de Friuli al norte de Italia bañada por el mar Adriático y frontera con Eslovenia.


UN POCO DE HISTORIA DE TRIESTE: Época romana. Después de fundar la colonia de Aquilea en el golfo de Triestre en 181 a.C., los romanos se apoderaron de Istria después de un largo asedio de la capital Histria, Nesactium (178-177). Los conquistadores reconstruyeron Nesactium y levantaron campamentos fortificados, al mismo tiempo que en la costa oeste y en las islas Brijuni se construían  villae rusticae. Al cabo de varias sublevaciones de los histrios, Augusto (31 a.C.-14 a.C.) reconoció a todos los habitantes de Istria el derecho de ciudadanía. Porec   y  Pula unidas a Triestre por la vía Flavia, eran importantes centros administrativos y prósperos puertos mercantiles (aceite de oliva, vino, caliza de Istria) que comerciaban con Italia, Galia, Retia (Suiza) y Panonia.

En los primeros tiempos del cristianismo siguió siendo un lugar próspero, y tras la caída del Imperio romano de Occidente (476), Trieste se convirtió en baluarte militar bizantino. En 567 d.C. la ciudad fue devastada por los Lombardos, cuando invadieron el norte de Italia. En 788 pasó a formar parte del Reino de los Francos, bajo la autoridad de un conde-obispo. Desde 1081 formó parte del Patriarcado de Aquilea, hasta que, a finales del siglo XII se constituyó como municipio medieval independiente. Fue sometida por los venecianos en el siglo XIII y por los austríacos en el siglo siguiente.

En 1719 se convirtió en puerto franco y, dado que era la única salida al mar Adriático de Austria, el gobierno imperial realizó en él grandes inversiones.

Lynks sobre Trieste:
http://elpais.com/diario/2008/05/31/viajero/1212268090_850215.html  
http://elpais.com/diario/2006/07/22/viajero/1153602489_850215.html

Zagreb

Cuando alquilamos el coche en el aeropuerto de Trieste preguntamos allí mismo sobre el impuesto "Viñeta" para circular por Eslovenia. Lo compramos en una especie de estanco del aeropuerto y nos costó 15 euros, sirve para circular durante una semana por las carreteras de Eslovenia. Hay que pegarlo en la luna del coche, a la vista, pues por la autopista hay varios puestos donde la policía hace disminuir la velocidad y mira coche por coche si llevas la "Viñeta".

Salimos de Trieste  sobre las 18.00 con dirección a Zagreb, las indicaciones para la autopista están claras. La autopista es muy buena y el trayecto es muy agradable pues el paisaje es muy bonito y verde. Nos quedamos con ganas de tener tiempo y recorrer algunas poblaciones de Eslovenia.

La entrada a Zagreb no es complicada, nos fuimos dirigiendo todo el tiempo hacia el centro de la ciudad, con el GPS nos indicó perfectamente la dirección que nos había dicho Daniel y llegamos hasta la misma puerta del apartamento. Aparcamos en las proximidades y pudimos dejar las maletas, descansar y volver a salir a conocer Zagreb de noche. Cenamos en la parte alta de Zagreb, en una zona que se parece al Montmatre parisino.  STROSSMARTRE se encuentra en la parte alta de la ciudad y se puede acceder desde un tren cremallera, o funicular, también se puede callejear hasta allí, pero la opción de callejear la cogimos a la bajada. Desde Strossmartre se tiene unas vistas fantásticas de la ciudad. Había música en directo y puestecitos de comida y para tomar cervezas. Las terrazas por todo el centro de Zagreb estaban llenas. La visita al Zagreb nocturno es un espectáculo de colorido, de luz y gente. Nos encontramos con una ciudad cálida y acogedora, nos dio la sensación de una ciudad mediterránea en verano.

Actuación en directo en Strossmartre

Teatro Nacional de Zagreb
Tejados y cúpulas entremezcladas

Al día siguiente nos dispusimos a visitar Zagreb, la ciudad estaba dividida en dos: Gradec y Kaptol. La primera era la zona donde vivía la nobleza y que hoy se conoce como Ciudad Alta, y la segunda era territorio del clero. En la Ciudad Alta están el Sabor o parlamento y los principales organismos del Estado. Allí se encuentra también la célebre Plaza de San Marcos, donde está la Iglesia de San Marcos, del siglo XIII, conocida por su curioso tejado  que representa dos blasones, el del reino Triple y Uno (Croacia, Dalmacia y Eslavonia) y el de Zagreb.

Iglesia de San Marcos
En esta plaza están también el Sabor, el Palacio del Ban (Banski Dvor) y el antiguo ayuntamiento. Comimos en un restaurante en la parte baja, en la terraza del restaurante "Agava", un buen servicio y un precio razonable. En general, todos los restaurantes y bares donde tomamos algo nos han parecido muy bien servidos y a buen precio.

 











Hay varios parques y jardines que constituyen un cinturón verde

Kravata, símbolo de Croacia.Las corbatas croatas sólo 
se hacen de seda italiana de la máxima calidad, 
en varios motivos. Todos ellos son hechos a mano 
y son distinguidos por sus variados detalles 
de fabricación precisos e impecables.

Los mercadillos matinales alegran las diferentes plazas de la ciudad.
Mercado de Dolac, en una céntrica plaza, donde las sombrillas rojas llenan de colorido la ciudad.
Mercado de Dolac
Nos encontramos con la Casa de Tolkien!! y nos tomamos unas birras.


















Al día siguiente, por la mañana hicimos una excursión con los coches a los pueblos de alrededor. Hacia el norte, dando un rodeo descubrimos el fantástico castillo de Trakoscan, s. XII-XIII una fortificación transformada en un castillo romántico en el s. XIX. Una maravilla. Luego comimos en una taberna en los bajos del castillo, la humedad que reinaba nos refrescó hasta el punto de tener que ponernos unos pañuelos por los hombros. Luego nos dirigimos hacia Varazdin, una ciudad muy bonita. Durante el siglo XVIII, desde el año 1767 hasta el año 1776, Varaždin fue la capital de Croacia. Hoy es conocida como la ciudad del barroco, la música y las flores. En sus calles y plazas se respiraba un ambiente festivo, y así era, en el parque había un festival de música de gente joven que pudimos disfrutar durante un rato.



Plaza de Varazdin

 

 

 

 

 

 

El sábado antes de salir rumbo al sur, hicimos una visita al Jardín Botánico de Zagreb, estaba muy cerca del apartamento y decidimos recrearnos con su belleza. Nos habían comentado que siendo un jardín paisajístico de gran belleza, con caminos serpenteantes, pequeños puentes de manera, numerosos árboles, diversos grupos de flores, y un pabellón estilo Art-Noveau, aún conserva el encanto de los jardines románticos con un gran equilibrio entre el espíritu de la conservación y el espacio para el recreo.

Jardín Botánico de Zagreb
Después, salimos con dirección a los parques de los Lagos de Plitviche, comimos unos bocadillos en una zona de picnic en la carretera. En el camino, después de pasar Karlovac, a unos 58 km. de Zagreb, paramos a ver el Museo de la Guerra de los Balcanes, que se encuentra al aire libre en la misma carretera y es gratuito. Impresionante ver el armamento abandonado, junto con los edificios destrozados y las fotos del ejercito entrando por la zona, nos conmovió la idea de hacerlo al aire libre, en una zona de paso, una magnífica forma de preservar la memoria de los que habitan y transitan por un territorio tan devastado por la violencia y la guerra, ésta zona es un hito en la resistencia. Después de todo lo pasado, ha sido capaz de volverse a levantar,  pero sin olvidar el pasado.



Parque Nacional de los Lagos de Plitviche

Llegamos al Parque sobre las 15,30 y nos dirigimos directamente a la entrada número 2 para que nos diera tiempo a hacer una visita a las diferentes cataratas y volver con el barco. Desde la entrada número 2, el Precio: unos 15,00 euros.

El parque se encuentra entre Zagreb, la capital croata, y la costa. Así que podemos acceder fácilmente desde ambos puntos. Si partimos desde Zagreb, tomaremos la carretera que va en dirección a Zadar, y nos desviamos a la altura de Karlovac. Luego, la señalización desde Karlovac a los lagos es perfecta.

Incluido en el Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO en 1979, consta de 16 lagos conectados todos entre sí por innumerables cascadas.
Mapa de Lagos de Plitviche
El parque se encuentra en la carretera principal que une la región de Dalmacia con Zagreb, y su peculiaridad reside en la gran riqueza y variedad vegetal, sus hayas, abetos y pinos, forman un espeso bosque donde hay un hábitat perfecto para la nutria, el oso pardo, lobos, el ciervo rojo y una gran variedad de aves. El parque cuenta en total con 30.000 hectáreas de las que 22.000 son de bosques y 8.000 de agua.
Senderos de madera
El parque tiene una magnífica red de senderos y caminos señalizados que te permiten recorrerlo libremente, disfrutando de cada nuevo rincón que te encuentras, del colorido, de las aguas azules, del ruido de la naturaleza rodeándote. Si te gusta tomar fotos aquí encontrarás un paraíso de opciones fabulosas.
"Visto desde el aire, el Parque Nacional de Plitvice muestra claramente cómo el bosque llega hasta el mismo borde de las cascadas y lagos que lo conforman".
Vista panorámica desde una orilla del lago


Senderos entre cascadas
Cascadas y una vegetación exuberante 




















Los senderos nos llevarán a la zona de los barcos, donde hay un embarcadero, que son los que nos llevará a la parte alta del Parque, la más bella, donde se encuentran las cascadas. Todo el recorrido se encuentra acompañado de la vegetación más exuberante, del sonido del agua, de frescor húmedo, a momentos del silencio, y desde luego, en todo momento te encuentras inmerso en la naturaleza y se hace presente que Plitviche es uno de los Parques Naturales más bonitos de Europa.
Una maravilla contemplar y escuchar el agua


Un salto de agua a cada paso

El atardecer en un paisaje excepcional

Desde el embarcadero
La barcaza que nos lleva al otro lado del Lago





Impresionados por la exuberancia del paisaje y después de disfrutar de los paseos, las fotos, la variedad de árboles y plantas, del agua … el viaje de vuelta lo hicimos en el barco hasta el embarcadero de la entrada. Un poco agotados, humedecidos por una suave lluvia que nos acompañó, y alucinados por tanto estímulo visual... , con cara de felicidad nos subimos al coche para coger dirección a Novigrad, donde habíamos reservado los apartamentos para pasar la noche y poder visitar Zadar.


Vista del pueblo de Novigrad
Novigrad, cuando llegamos de noche no apreciamos bien la geografía del pueblo, había una verbena en la plaza y nos pareció un pueblo encantador. Por la mañana, desayunando en la terraza, apreciamos las características del emplazamiento de ésta villa de la costa dálmata.  Está ubicada en la costa sur del mar de Novigrad, en el estrecho y alargado golfo al pie del Velebit.  El paisaje, conforme vas llegando te llama la atención, aparece como un estuardo del río pero es una entrada del mar, la costa y la geografía es espectacular. Vale la pena dedicarle un poco de tiempo para pasear por el pueblo y los alrededores, subir a descubrir los restos de la antigua fortaleza y desde allí, contemplar el paisaje a nuestro alrededor. Su pasado medieval nos descubre calles adoquinadas bien conservadas y las huellas romanas, bizantinas, venecianas y astro-húngaras se dejan ver por todo el entramado urbano.

Está construida en forma de trapecio y delimitada por murallas que actualmente se conservan sólo en improntas. Novigrad se originó sobre los restos de una fortaleza situada en la cima del monte, y desde la que desciende, creciendo, hacia el mar. El río Zrmanja desemboca en el mar de Novigrad, siendo pues éste rico en peces y moluscos, lo que hace que su gastronomía sea rica y variada con unos platos donde el pescado aderezado con hierbas aromáticas és el rey. También es famoso de esta zona el queso de oveja, los vinos y la Grappa de la región son exquisitos. Gracias a pequeñas calas a la sombra de pinos y a las arregladas zonas de baño, Novigrad es un auténtico paraíso para todos los huéspedes.


Al pie de la colina, amparada de modo natural de los vientos y rodeada de viñedos, encontramos la fascinante región Kremik en el Adriático. 
Novigrad


Zadar

Una vez que dejamos las maletas en los apartamentos (Castrum Novum) y nos arreglamos para salir, nos dirigimos en los coches a conocer el  Zadar nocturno y tomar algo tranquilamente. Cenamos en la plaza principal, en una terraza con vistas a la catedral, a la Iglesia de San Donato. Pedimos entradas típicas, algo de pasta y pescado que nos aconsejó  la camarera. La cena resultó estupenda, relajada y nos recargó las pilas para poder recorrer la ciudad con los principales edificios iluminados, una visión distinta.

En el casco antiguo hay restos bien conservados de la muralla tardomedieval. Desde Porta Terraferma (siglo XVI) la calle, te conduce hacía la calle Zeleni donde se encontraba el antiguo Foro Romano y donde son visibles los restos, como la columna de 14 m. de altura con ornamentos trenzados que desde la Edad Media hasta el año 1840 se utilizó de picota. Caminar por Zadar es cómo caminar por un museo al aire libre.


Parte del antiguo Foro Romano
Nos acercamos a contemplar el espectáculo de luz y sonido del famoso órgano marino, y nos sentamos a la orilla del mar en el paseo marítimo, a escuchar... a mirar, a sentir, y a dejarnos acompañar por las luces de colores, mientras que los compases van jugando con los diferentes sonidos que provocan las olas del mar. Un momento mágico, donde todos nos relajamos y nos hicimos fotos tumbados en el suelo para dejarnos llevar.


El órgano marino de Zadar es único en el mundo. Su creador es Nicola Basic, arquitecto de Zadar. Se trata de un paseo marítimo escalonado, realizado con bloques de piedra blanca de la isla croata de Brac. Su mecanismo subterráneo contiene 35 tubos de polietileno que en contacto con la fuerza del mar, el aire, produce todo un conjunto armónico de melodías que inundan la ronda pública.

N.Basic ha ampliado el galardonado proyecto con un disco de 22m de diámetro con módulos solares fotovoltaicos que transforman la energía solar en eléctrica, creando un maravilloso juego de luces que al compás de la música del órgano marino consiguen una atmósfera llena de armonía. Le llaman POZDRAV SUNCU (saludo al sol)

Muchos son los famosos que han pasado por Zadar y han alabado sus maravillas, pero yo os dejo con el genial e inquietante A. Hitchcock que la definió en una de sus entrevistas como:


"La ciudad con la más bella puesta de sol" Alfred Hitchcock
Paseo marítimo de Zadar
Disfrutando sobre "saludo al sol"
















Sibenik

Por la mañana, después de desayunar en la terraza del hotel de Novigrad y recrearnos un rato en las hamacas que tienen en las terrazas, nos hicimos fotos en el maravilloso paisaje que se aprecia desde allí y desde luego por las inmediaciones del pueblo, donde las vistas son magníficas, después nos dispusimos a marchar con dirección a Split.

Cogimos los coches y en el camino nos paramos en Sibenik, un pueblo costero precioso que mira al Adriático, con un conjunto de edificios renacentistas bien conservados y todas las calles empedradas que consigue sumergirnos y hacernos sentir el estilo de la costa dálmata.

El Casco Antiguo de Sibenik fue declarado por la Unesco  Patrimonio de la Humanidad en el año 2000. El camino desde el paseo marítimo, pasando por la Logia municipal y el palacio de Foscolo te lleva callejeando a encontrarte con la Catedral de Sv. Jakov, espectacular construcción donde conviven elementos estilísticos del gótico al renacimiento. La cúpula es una magnifica representación del gran logro técnico de la época.

Subimos a la fortaleza de San Miguel donde hay unas vistas fantásticas de los rojos tejados de la ciudad y de las islas próximas.
Catedral de Sv. Jakov

Primosten: que en otro tiempo fue una isla, ha conservado la atmósfera y todas las improntas arquitectónicas de una población pesquera medieval del Mediterráneo. 
No os perdáis la vista de Primošten desde la carretera “Magistrala” (Sibenik-Split). Por un lado, una lengua de tierra, boscosa y llena de pinos, a 28 km al sur de Sibenik y a 35 km al oeste de Trogir,  y al otro una costa plagada de islas. Se trata de un hermoso rincón del litoral dálmata donde vale la pena hacer una parada. Las colinas se cubren de arboles a medida que se va hacia el sur.

En las laderas cercanas, cubiertas de vid, se produce el Babic, un vino dálmata excelente.


Paisaje desde la carretera

Trogir

Llegamos a Trogir al atardecer, dejamos los coches en una zona de aparcamiento próximo al centro histórico y nos dispusimos a tomar un gelatto y unos caffés. El casco antiguo de Trogir, que antes era una isla (está unida por puentes con el continente y con la isla de Ciovo), con más de 2.000 años de historia, alberga verdaderos tesoros artísticos. En 1.997, la Unesco la declaró a Trogir Patrimonio de la Humanidad. 


La Torre de Campanario
Preparando para hacer sonar las campanas
















Entrada a Trogir desde el mar
Paseando por el entramado de sus estrechas calles nos encontramos iglesias, palacios, casas señoriales, ventanas románicas y góticas, con influencias venecianas que se reconocen por toda la ciudad, luminosos patios, arcos, escalinatas.... muchas opiniones hacen de ella "el complejo románico-gótico mejor conservado, no sólo del Adriático sino de toda la Europa central" así que callejeando conseguimos pasar una tarde relajada e impregnada de arte y de historia. Una ciudad que nos dio la sensación de que vale la pena descubrirla tranquilamente, y disfrutarla.

Llegamos sobre las 21,00 h. a los apartamentos que habíamos reservado, Apt. Bonsai, en la localidad de Podstrana a unos 10 km. de Split. Resultaron unos apartamentos muy nuevos y decorados con mucho gusto. La opción de casas particulares que alquilan habitaciones y los apartamentos es muy habitual y económica en Croacia. Después de darnos una ducha, nos arreglamos para salir a cenar. Nos decidimos, después de preguntar, a cenar justo en el hotel de enfrente, cruzando la carretera, el hotel "Amigo". Un acierto, pues el restaurante se encuentra mirando al mar, con una terraza muy agradable con farolillos de colores. La restauración nos pareció buena y a buen precio, uno de los platos era un Risotto, de los mejores que he probado. La camarera un encanto, y nos comentó que sabían un poco de castellano por las telenovelas que veían. La velada nos resultó relajante e inolvidable.


Isla de Hvar.

A la mañana siguiente nos levantamos temprano,  queríamos coger el primer ferry que sale de Split a Hvar. El precio por persona es de aprox. 44,00 Kunas ida y vuelta (unos 6,00 euros) y el coche aparte. Mientras uno de nosotros permanecía en la cola para embarcar el coche,  los demás desayunamos en una de las cafeterías del paseo marítimo. El tráfico entre las islas es continúo sobretodo en verano. Una vez instalados en el barco, nos dispusimos a disfrutar del trayecto. Fueron unas 2 horas para relajarnos y dejarnos embriagar por el paisaje. Una buena opción es acomodarse en la cubierta, con la crema solar puesta, y contemplar la cantidad de islas que salpican el recorrido hasta Hvar, muchas de estas islas están pobladas, y la mayoría con mucha vegetación , con árboles hasta la misma orilla.  

Vistas de Hvar desde la Fortaleza " La Spanjola"
Vista panorámica desde el mar
Al fondo el Monasterio Franciscano
La entrada a Hvar es espectacular, es una acogedora bahía desde la que se aprecia enfrente una fortificación en lo alto de una colina, recibiéndonos, "La Spanjola", y a sus pies la estructura de la ciudad adaptándose a la costa. Desde el barco se desdibujan los principales edificios de la ciudad. La isla de Hvar es considerada una de las más hermosas de la costa dálmata, con maravillosas bahías y pequeñas calas, con un mar azul cristalino, olivares e interminables campos de lavanda y romero ( de los que mantienen la tradición centenaria de producción de aceites) y edificios históricos bien conservados que nos dejan reconocer el paso de las diferentes culturas que las habitaron.
Plaza Principal con la Catedral de San Esteban
Aparcamos el coche a la entrada en un parking público, y nos adentramos por las calles con dirección al centro. Nos encontramos con una maravillosa plaza rectangular donde destacaba la Catedral de San Esteban de estilo renacentista. Una plaza peatonal llena de vida, con muchas terrazas y tiendas. En el otro lado se encuentran La Torre del Reloj, La Logia y el Palacio Hektorovic con ventanas de estilo veneciano. Siguiendo el paseo marítimo se llega al convento franciscano, el cual posee un precioso claustro renacentista y un campanario neorrománico que se yergue sobre un jardín poblado de olivos y cipreses centenarios que miran al mar.

Después de tomarnos un refresco, callejeamos y nos dispusimos a recorrer las estrechas calles que nos conducen a la zona alta, todas ellas tienen un gran encanto, la piedra blanca de sus muros y el adoquinado contrasta con la decoración de las ventanas decoradas con macetas y plantas que refrescan los espacios públicos.
 

















Subimos a la fortaleza "La Spanjola" desde donde se tiene unas vistas magníficas de la ciudad y de todas las islas que rodean Hvar. Después de comprar las típicas bolsitas de olor (lavanda) que impregnan el aire, fuimos hacia el centro a buscar la zona del mercado. Los puestos callejeros ofrecen multitud de productos autóctonos de muy buena calidad y a muy buen precio. Compramos fruta, vino y embutidos,  y en un local nos prepararon unos bocatas y alguna bebida fresca. Con todo el avituallamiento recogimos el coche y nos fuimos a buscar una zona fresca, una cala sombreada para bañarnos y comer. Un baño fantástico, en una cala maravillosa de aguas turquesas.
Vista Panorámica de la espectacular cala


SPLIT

Desde el ferry vista del paseo marítimo de Split
El paseo marítimo, con sus palmeras y sus esplendidos edificios, nos recibío como una estampa veraniega, pero ya sabíamos que Split nos iba a deslumbrar como la pequeña joya del Adriático. La Riva, el paseo marítimo, comunica el palacio de Diocleciano con la parte medieval de la ciudad. Las fachadas de los edificios están empotradas en los muros de la antigua ciudad y consiguen dar un ambiente romántico y decadente al paseo. 

A pocos metros del mar y entre las tiendas del paseo, unas escaleras descienden a una especie de catacumbas, llena de puestos de artesanía y souvenirs, estábamos en el corazón del Palacio de Diocleciano. Los sótanos del palacio, con sus espectaculares bóvedas, en su día albergó la zona de servicio. El Peristilo y Vestibulum que constituyen el foro del palacio son impresionantes, las gradas nos proporcionaron descanso y una panorámica más relajada, pues estábamos un poco aturdidos de tanta arquitectura... y de pronto nos encontramos con un ensayo de cantantes locales que todos los días cantan "a capella" interpretando canciones populares aprovechando la acústica de la cúpula del Vestibulum.
Ensayo en el Vestibulum del Palacio de Diocleciano

Palacio de Diocleciano




 El casco histórico, con los edificios romanos, son considerados como uno de los mejores conservados de Europa. El que fuera mausoleo de Diocleciano es ahora la catedral de Split. Su estructura octogonal rodeada de 24 columnas es un conjunto excepcionalmente bien conservado de arquitectura romana. La torre románica de la Catedral es un símbolo de la ciudad.
Vista general del foro
Callejeando pudimos apreciar las diferentes etapas de dominación a la que la ciudad se vio sometida, la veneciana nos fue acercando a las estructuras medievales. La estatua del obispo Gregorio Nin nos acerca a la entrada norte. Cuenta la leyenda que el viajero debe frotar su pulgar para que le acompañe la diosa Fortuna, nosotros, por si acaso, cumplimos con la tradición. El obispo Gregorio Nin cantaba misa en la lengua vernácula, para indignación de la curia romana.
El obispo Gregorio Nin
Las placitas del centro histórico estaban repletas de acogedoras terrazas donde poder tomar algo, la gastronomía se disfruta en cualquier rincón de Croacia. Aceite de oliva, ajo, hierbas aromáticas, pescado, moluscos y marisco son la base de la gastronomía.

Qué comer: El preciado calamar de Adriático acompaña a muchos de los platos, cazuelas de arroz y platos de pasta. Nos decidimos por un restaurante cerca de la catedral, después de mirar y mirar al final nos dejamos aconsejar y pedimos las especialidades del restaurante y nos deleitamos con los sabores de Split.